
LOS VICARIO EN LA GRANJA DE ROBA
Juan Vicario Martinez, (1.768), que había nacido en Tablada del Rudrón, pueblecito acostado y tranquilo, en las amplias y empinadas laderas, que configuran el profundo Cañón del río Rudrón, a 749 m. de altitud, quiebra la tradicional y bicentenaria estancia de su linaje en ese precioso, aunque solitario paraje de crudos inviernos y estremecedoras nevascas, y, aunque casado y con cuatro hijos, dos varones y dos hembras: Lorenzo (1793), José (1795), Remigia (1797) y Magdalena (1802), se lanza a la búsqueda de nueva y mejor suerte, para sí y para los suyos, llegándose hasta Villamayor de Treviño, donde asentará definitivamente sus raíces, dando origen, con este hecho, al trascendental traslado de lo que será la savia generacional de nuestro linaje, de nuestro tronco familiar, hasta nuestros días, en el castellano término de La Granja de Roba.
No nos quedan, todavía, demasiado claros, significativos datos de su vida, como la razón de su salto a La Granja de Roba, pese al importante bagaje de documentación que hemos manejado. Tenemos bien probado que está absolutamente integrado en la vida y ocupaciones de la granja desde el año 1.816 al 1.850. (1). En ella desempeña sus tareas de labrador rentero junto con las otras dos familias de colonos, responsables independientes, de ésta importante explotación agrícola propiedad de los monjes premostratenses, que residen desde 1.166, en la acreditada y conspicua “Abadía de San Miguel”, convento situado a orillas del río Odra, antes de la entrada a Villamayor de Treviño, a la derecha.
Volveremos sobre esta Granja de Roba y este monasterio de San Miguel de Treviño, en forma expresa y detallada, como lo haremos sobre el pueblo de Villamayor, dado el definitorio y trascendental valor económico, cultural y social que esa triple circunstancia ha supuesto en nuestro tronco parental.
Juan, sin duda, se asegura con premeditación un puesto de trabajo en la Granja de Roba. Es mucho lo que se juega teniendo cuatro hijos bajo su exclusiva responsabilidad en Tablada del Rudrón. Por ello, aunque no tenemos pruebas aún definitivas, mantenemos el criterio de una eficiente influencia monacal que encuentra, sin duda, en los propietarios de las cuantiosas novedades que sus mismos familiares labran en el Valle de Valderredible (2), Tubilla del Agua, Bañuelos del Rudrón, San Felices del Rudrón y Covanera, (3) que no son otros que los propios monjes premonstratenses, a quienes, como a la mayoría de los habitantes de toda la comarca, pagan anualmente sus correspondientes y comprometidos diezmos.
Como dato significativo quiero recoger aquí las fanegas expropiadas en la desamortización decretada sobre los bienes eclesiásticos, en 1.835, en los cuatro términos de Bañuelos del Rudrón, Covanera del Rudrón, San Felices del Rudrón, Tubilla del Agua, próximos a Tablada del Rudrón. Fueron 2.477 fanegas en cifras mínimas, lo que hace una superficie de 16.000.429,2 de metros cuadrados.
En yugadas, es decir, parejas de ganado para labrar estas fanegas cada año, se necesitaban 49,54. Entre los 5 pueblos solo sumaban 115 parejas, en aquella época (4), lo que significa que la propiedad de la Iglesia era de 43,47 % del total de las tierras de la comarca, que labraban los labradores de estos pueblos.
Fué durante el trienio 1815-1818, siendo abad del monasterio de San Miguel de Treviño, d. Antonio Miguel González, cuando Juan se incorpora al equipo de personal que cultivará las “543 hectáreas, 49 áreas y 89 centiáreas (844 fanegas) que integra la finca rústica, en coto redondo, que se halla el término de Villamayor, al sitio titulado “La Granja de Roba” (5). En las que tendrá ocasión de demostrar, a sus protectores, su valía, su laboriosidad y su dominio de las artes agropecuarias. Es indudable que con 47 años es conocedor diestro de cuantos menesteres demanda la seria envergadura de una explotación tan amplia y variada, y conoce, también, el perfil específico que debe caracterizar al personal que tendrá “que contratar” para llevar al día la siembra, el cultivo, la recolección, así como la exquisita atención que deberán dispensar al ganado de labranza, de cría, lanar, de consumo, etc.; el arte del manejo, conservación y arreglo de los aperos, maquinarias y útiles de transporte, y las calidades y porcentajes de abonos, piensos y forrajes que habrá de comprar y usar para cada año agrícola. Tampoco le será ajeno hacer los bloques del reparto de beneficios, pagando, como será preceptivo, en primer término, a sus preceptores los monjes del Convento o Abadía de San Miguel de Treviño, para quienes esta finca les es tan sustancial como el alma al cuerpo.
Y, a buen seguro, que Juan lo hizo magistralmente, por cuanto su familia, que es la nuestra, se perpetuó durante 108 años (1.816-1.924) fecha de veinticuatro de octubre de mil novecientos veinticuatro en que los señores y hermanos D. Francisco y D. José Vázquez Martín, que han adquirido el título de propietarios en 5ª inscripción registral, deciden rehacer un contrato nuevo de aparcería, esta vez, a sólo un efecto, intentar reducir gastos, y, al menos, mantener la producción para poder hacer frente a la hipoteca firmada con el Banco Hipotecario de España por 80.000 pts., contraído con el Banco de España de Burgos.
En otro lugar hablaremos de este contrato de aparcería por la similitud que tiene con el que venían renovando nuestros antepasados con los monjes, y con los sucesivos propietarios que lo han venido siendo de La Granja de Roba, en las 4 inscripciones realizadas en el registro de la propiedad, de Villadiego, por los respectivos cuatro compradores. (6)
En La Granja de Roba se advierte pronto la compañía de un vástago puntero que secunda la tarea de Juan Vicario Martínez. Es su hijo José, que le ha acompañado desde Tablada del Rudrón, con su ardiente y dinámica adolescencia que le impulsa a renovarse, y llega dispuesto a cambiar el rumbo de la vida propia y de sus descendientes.
Ha nacido en Tablada, el 16.3.1798, de donde llega dominando el oficio de la madera, aprendido exquisitamente de su progenitor, con el que, el gremio de los fusteros o carpinteros, que en Tablada, en aquel momento, integraban, son 4 más, haciendo incluso honor al pueblo que les vió nacer, pues el nombre de Tablada parece proceder del latín, significando “hecho de madera”, por contraposición a la vivienda o viviendas fabricadas con piedra o arcilla… o bien connotando ser una zona “rica en arbolado”, como dice Cidad Pérez . (7)
3.- LOS VICARIO Y LOS DE ROBA ESTABLECEN PARENTESCO
Estamos en 1.817, en Villamayor de Treviño, y a José Vicario Lucio, hijo de Juan Vicario Martínez e Ildefonsa Lucio Fernández, le encontramos casado con
Anastasia Barbero Ruiz, cuatro años más joven que él. El nace el 16.3.1.795, y élla, el 11.4.1.799.
El destino les ha hecho encontradizos en el propio lugar de su residencia y trabajo: La Granja de Roba, y con élla compartirá todos los avatores de su residencia. Sin duda ha logrado enamorar a una joven ideal de cierta distinción, en La Granja. En su más tierna adolescenciala la lleva al matrimonio, y con ella será feliz en la propia vida de la institución agropecuaria, arrostrando juntos y rebosantes de vida cuantas espinas irán apareciendo en sus vidas.
Anastasia es hija única de Lucas Barbero de Roba y Catalina Ruiz Arroyo, segunda nieta (biznieta) de Pedro de Roba Martínez, habitante en La Granja de Roba, cuya ascendencia se enraíza en el propio lugar y poblado de La Granja, a la que, sin duda, parece deberse la identidad del apellido de Roba que distingue a todos sus antepasados, y que a ella corresponde en tercer lugar: Anastasia Barbero Ruiz De Roba Arroyo. (8)
Publicamos a continuación los datos genealógicos de la ascendencia del linaje de Anastasia, fruto de nuestra pequeña investigación, para que pueda advertirse mejor el entronque con los Vicario, y su herencia cognaticia.
LINEA ASCENDIENTE DE ANASTASIA BARBERO RUIZ
Todos sus antepasados descienden de La Granja de Roba, como hemos podido acreditar suficientemente. El propio apellido nos induce a pensar que puede ser originario de este término rural (9). Es cierto que el nacimiento de toda la cadena ancestral se fija documentalmente en Villahizán. Pero, curiosamente, en las partidas de nacimiento estudiadas, no es frecuente encontrar anotaciones como ésta de ubicarles en la parroquia de San Martín de Villahizán, siendo residentes en la Roba.
Esta particularidad puede explicarse porque en dicho lugar, hubo beneficiados (10), componentes del propio linaje,como Francisco e Ignacio de Roba.
Su abuela, María de Roba de la Iglesia (1.742), tiene a su padre residiendo en La Granja de Roba. D. Pedro de Roba Martínez (1708) aparece como un gran colono de dicha granja y, además, acredita una importante hacienda en la comarca, como él mismo de su puño, firma en los Memoriales de la Unica Contribución, de 1.752. (11)
En el Siglo XVII encontramos sus raíces más antiguas: Pedro de Roba (1.652) y Juan de Roba (1.635 aproximadamente), como puede verse en los gráficos de ascendientes.
4.- LA FAMILIA DE JUAN Y JOSE VICARIO EN LA GRANJA DE ROBA
Es indudable que éste vínculo conyugal acrece y estrecha la unión, el entusiasmo y la energía familiar para la consecución de los comunes objetivos y metas. Tablada del Rudrón empieza a quedarse lejos dando paso a nuevos e ilusionantes logros. En La Granja de Roba ya no van a ser tres colonos independientes, autónomos para responder individual y aisladamente de su actividad agrícola y ganadera. Sino que, por el contrario, los tabulenses Juan y José, padre e hijo, por su parte, y los de la casa de Roba, por la suya, formarán un todo compacto, un binomio indisoluble en el orden, familiar, laboral y social.
En el orden familiar logra institucionalizar un hogar con 10 descendientes, repartidos en igualdad de sexos: 5 varones y 5 hembras. La secuencia generadora de esta comprometida e intimista pareja es sin intervalos: en 1.818 nace Segundo, entroncado luego directamente en la rama 13 ; será el bisabuelo de Paula Pérez, que la veremos casada, dos generaciones atrás con Alejandro Vicario Gutiérrez. En 1.820 llega Leonardo, vástago que adquirirá notable relieve al lado de su padre en la vida y hacienda familiar, como luego diremos. Vienen a la luz, en 1.824, Juliana, y en 1.827 Sebastiana, que no aparecen, en principio, con luz propia. En 1.830 nace Bithores o Víctor, que pasará a ser vecino y propietario en Padilla de Abajo, donde también hemos encontrado a Juliana como residente, en el año 1.857. En 1.832 aumenta la prole con la incorporación de Valentino. Obergarda es la séptima de la dinastía. Y en los tres últimos lugares se van incorporando Pedro Pablo en 1.836, en plena guerra civil, Mª Cayetana en 1.840, y Ruperta que cierra el clan en 1.842.
En el orden laboral y social, Juan y José, padre e hijo, nos demuestran tener una buena visión del mundo y del medio que les toca vivir.
Ya dijimos que su padre y él se incorporan como colonos (12) de los monjes premonstratenses, en La Granja de Roba, puesto nada fácil de alcanzar, sin que haya un buen y ordenado mobiliario en la cabeza que les inspire la fórmula. Han conseguido vivienda y trabajo en esa maravilla de finca, dotada con todos los medios y técnicas del momento, su disposición para optimizar, desde el primer instante, el rendimiento que, sin duda, los frailes esperan de éllos.
Se da por superado el periodo probatorio exigible a cualquier candidato en puesto de semejante relieve, y se pasa directamente al contrato de aparcería por 6 años, prorrogable, en las mismas condiciones y periodo, a la finalización del plazo fijado. Como sabemos, esta renovación ha perdurado por cuatro generaciones: Juan, José, Leonardo y Miguel Vicario (1.817-1.924).
En el orden social de las costumbres, no cabe la menor duda del salto cualitativo que les supone la ineludible relación con personajes del mundo agropecuario, con los que han de intercambiar ideas, aprender fórmulas de explotación, negociar y canjear bienes y productos a escalas de la mayor representatividad y comercialidad. Y es que, en el orden de superficies productivas, han dejado la mini-propiedad y renta de parcelas, por la gran propiedad en coto redondo, en la que el campo es tan extenso que ha requerido, morfológicamente, un cambio sustancial en el modo de ocupar el espacio, en la manera de hacer los aprovechamientos en cuanto a la orientación de los sistemas de explotación agrícola y ganadera, en su orientación económica y hasta en su poblamiento. Desde antes de 1.166 (13) existe un viejo poblado situado en el epicentro de la gran finca que es el centro de explotación, residencia de los colonos, con viviendas para alojamientos de los obreros y sus familias. Y junto a ellas, las dependencias necesarias para la conveniente explotación, como establos, silos, almacenes, talleres, etc. En definitiva, una leve mirada retrospectiva les hace irreconocibles en el presente. Se ha verificado, en efecto, en ellos, una verdadera transformación en su estrato sociolaboral y económico.
En el orden social de las propiedades, Juan y José, nos demuestran saber tomar la temperatura al pulso de la sociedad de su época con acertada visión de futuro. Ellos no se durmieron en los laureles del triunfo que les estaba significando el almíbar del puesto de trabajo, la nueva residencia, el emparentazgo con la nueva estirpe de Roba, la creación del nuevo, fecundo y familiar hogar, la mejora sensible de la calidad de vida. Están convencidos de que aquella situación, pese a todas estas bondades, es transitoria. La fuente de sus ingresos, propiedades de los eclesiásticos monjes, desde hace varias decenas de años, corren serios peligros de expropiación. Les suena fuerte y amenzante una palabra extraña que se oye mucho en la calle: DESAMORTIZACIÓN:
Ellos, sin duda, algo barruntan porque acaban de pasar la guerra de la Independencia (1.808-1.814). El famoso Napoleón y su hermano José I Bonaparte hicieron de las suyas en este orden de cosas: el primero ordenó la disminución de los bienes de la iglesia; el segundo, en el colmo de sus atropellos, suprimió todas las órdenes religiosas, y ordenó la enajenación de todas sus pertenencias. Por fortuna, toda esto fue derogado, por Fernando VII, en 1.814. Pero los temores se cumplirían más tarde.
La situación política (1.833-1.855), no está clara. Como ahora, los políticos se hacen la guerra entre ellos. En el plano económico tampoco las cosas andan boyantes. Y aparece un personaje, Juan Alvarez Mendizábal, que les va a traer más de un dolor de cabeza, (1.835-1.837) porque esta vez sí que se ejecutará la desamortización. Hasta consigue se conozca su fechoría por su segundo apellido:”Desamortización de Mendizábal”. Por esa ley (25-VII-1.835) se declaran disueltas todas las órdenes religiosas existentes en España, exceptuando las dedicadas a la pública beneficencia, y se nacionalizan todos sus bienes. Con esta decisión, sus propietarios, los monjes premonstratenses de Villamayor, del Monasterio de San Miguel de Treviño, pierden la titularidad de todas sus propiedades y haberes. Es difícil imaginar la contrariedad que esta Orden Ministerial debe suponer en el ánimo de Juan y de José…
Nuestros datos fehacientes son que su inteligencia y sus maneras de hacer se mezclan en el mismo envase y consiguen les llegue aceptada, por el nuevo propietario, Manuel Molinuevo (14), la renovación de su contrato de arrendamiento. Las cosas caen, una vez más a su favor, como agua cristalina que se desliza venturosa a su natural desembocadura. Pero, como dice el refrán: “de perros escaldados…”. Y a partir de 1.845 hasta 1.850, José decide, adquirir bienes raíces a su nombre, que consaliden su particular hacienda y la de su nada pequeña familia. En esos años compra, en el término mismo de Villamayor, 17 fanegas y 2 celemines de tierra en 12 distintas fincas, cuyos nombres de emplazamiento vamos a omitir por brevedad, que, en medidas de superficie hacen 113.043 m2. Entre ellos figura también una viña de 3 fanegas. Se empeña en persuadir de esta misma idea, en este virtud comercial, a sus hijos. (15)
En 1.854 encontramos en el mismo afán de afianzamiento del patrimonio a su primer hijo Segundo (1.820) quien, ya casado (1.840), en siete años se ha hecho propietario titular de hasta 34 fanegas, en un total de 18 fincas, entre las que se encuentra una viña de 7½ f. y 3 celemines. Estas fanegas en superficie equivalen a 219.626,4 m2 .
Quiero destacar en la semblanza de Segundo que formó, junto con su hermano Leonardo (1.820), un binomio ciertamente resolutivo en la familia Vicario. Residió en Villamayor y trabajó en la Granja como empleado defendiendo con ahínco, por no decir con los dientes, el aparceo de su padre. Él y Leonardo fueron indiscutibles brazos derechos de José, quien, con ello se ahorró buenas perrillas que, de otro modo, debería haber pagado a otros jornaleros contratables. No he dicho, todavía, aunque parezca deducirse de la propia contratación arrendaticia, que eran de cuenta del colono cuantos jornaleros tuviera que convenir para bien atender las faenas agrícolas y el pastoreo. Por eso La Granja de Roba venía a ser de un cuasi clan familiar en el que todos los miembros debían aportar a fondo su contribución personal. No olvidemos que fueron 10 los componentes del lar Vicario Barbero.
Segundo, que en nada quiso hacer honor a su nombre, sí lo hizo estando en primera fila en todo. Le hemos visto como primer nacido en su cama, y el mejor comprador de bienes y posesiones: le vemos ayudando a consolidar el rendimiento que debe dar un buen rentero; le vemos casado con Benigna García y creando una familia incomparable en el sentido pleno: afectiva, unida, responsable, familiar y servicial. De él, en el momento actual, se tiene ya acabado el estudio genealógico, que no lo incluimos aquí por no ser el objetivo de nuestro libro. Pero baste decir que su descendencia, por linea femenina, es la de la tía Paula Pérez Vicario Avendaño, nacida en 1.900, y fallecida el 28.11.1.993, esposa que fue del progenitor de la Rama 13, Alejandro Vicario Gutiérrez de la que tenemos recogidos y contabilizados todos los miembros integrantes.
La significación de Segundo aparece resaltada, de nuevo, en su desposorio con Benigna García Rojo, hija de un ilustre escribano de Villamayor de Treviño, nacido de sus segundos esponsales con Rosa Rojo González. Manuel García García, que era el nombre del padre de Benigna, fue antes (1.819) vecino de Sasamón, aunque nacido en Villamayor de Treviño 1.740, y tuvo, en este histórico municipio prerromano, 5 hijos más, de su primera mujer, Francisca Marín Porras, con residencia en este mismo centro urbano.
Segundo Vicario Barbero será protagonista una vez más, de inmediato, en nuestros días, al descubrirle como abuelo por afinidad, en la Rama 1, en el núcleo familiar de nuestra querida Milagros Alonso Vicario, de todos conocida. Enlace familiar hoy de Leonor , su hermana mayor y Plácido (Lin para nosotros). Una nieta de Segundo, Irene Vicario de la Fuente, de quien podremos hablar también como mujer ejemplar, se ha casado con Plácido Alonso Vicario, protagonista firme en la historia de nuestros tiempos. Plácido es nieto, a su vez, de Miguel Vicario García, mayor principal de nuestra linea descendiente. Hay que decir de Irene, que era una joven hermosa que frecuentaba las dependencias de La Granja de Roba, donde su abuelo tuvo siempre su firme puesto de trabajo, lo mismo que su padre, y ella misma les echaba una mano en trabajos de temporada: recoger mieses, pelar titos y yeros, trillar y atender a los jornaleros en los servicios del almuerzo y de la comida. No era pues extraño que Plácido, se fijara en ella y a la inversa, Plácido fuera apreciado por Irene. Se dice de Plácido que fue hombre bondadoso, desprendido, cariñoso y familiar como el que más. Era de estatura menuda, tanto que por ello se vió rebajado del servicio militar. Pero , ambos parientes entre sí, contrajeron matrimonio con 19 años élla y con 20, él. Es decir, que el mundo es un pañuelo, y vemos cómo en el transcurso de dos generaciones, el apellido Vicario se vuelve a fusionar dando origen así a nuevas líneas y ramas de descendientes. De esta suerte, intervienen los cromosomas de Segundo en dos de nuestras actuales Ramas familiares, 1ª y 2ª.
En 1.857 es Leonardo Vicario Barbero, miembro de la gran familia de José, nacido en segundo lugar, en 1.820, quien nos dará pruebas, como su hermano Segundo, de haber asimilado los consejos y dotes de su padre, adquiriendo las posesiones que sus dineros le permiten. En el Registro de la Propiedad estudiado, aparece como titular de 4 fanegas y 11 celemines, en otras 7 fincas, compradas, además de dos casas. Todo, en Villamayor de Treviño. En medidas de superficie, equivalen a 26.548,95 m2 . (17)
Leonardo es un miembro clave en nuestra ascendencia. Es el tercer miembro agnaticio de nuestro Linaje en la Granja de Roba: primero, Juan Vicario Martínez, segundo, José Vicario Lucio; y tercero, Leonardo Vicario Barbero. Él, y no Segundo, será quien se subrogue en el contrato de colono y arrendatario de La Granja de Roba.
Aparece casado en Villamayor, donde también ha nacido. Y está casado en 1.845, con Ezequiela García Cuevas, inscrita como nacida en la propia Granja de Roba. Ha tenido de su matrimonio 5 retoños: Miguel, el primogénito, en 1.845. Este se subrogará como colono y arrendatario en la Granja de Roba y es, para nosotros, el mayor principal de la agnada de la linea descendente. Luego pasaremos a desarrollar más ese último eslabón de la cadena de los Vicario en La Granja de Roba.
Han sido 64 los años de vida que ha entregado Leonardo en el hacer cotidiano. Ha coronado con éxito su empeño: Su familia (5 descendientes) ya ha confirmado sobradamente su diplomatura en la escuela de los Vicario, de La Granja de Roba. Todos ellos han tenido ocasión de pantetizar sobradas muestras de reciedumbre y eficacia. El ritmo del campo, la explotación de la cabaña del ganado y las relaciones comerciales y sociales con los monjes, sus dueños arrendadores, y con el personal jornalero y de servicio, garantizan la continuidad improbable del bienestar alcanzado por Leonardo y sus antepasados con no poco esfuerzo y demanda.
El, Leonardo, siguió aprendiendo de su padre José durante 39 años, (1.820-1.859), cuanto de bueno supo y logró captar y hacer suyo. Y con el mismo arte, cariño y dedicación empeñó 40 años (1.845-1.885) en dejar bien cincelado en sus hijos el componente pleno de la tradición familiar: doctrina sobre costumbres, artes, filosofía de vida, religiosidad, laboriosidad, etc. Y, como si, satisfecho de su obra, quisiera dar paso a sus hijos, cerró sus ojos para mejor vida el día 11-9-1.885, contando ya en su haber 64 años y once meses. Edad importante en aquellos años del cólera, en España.
Para mayor detalle e información, no quiero omitir el texto que encontramos en la partida de defunción de Leonardo. Es como sigue: “En el lugar de Villamayor de Treviño, Diócesis y Provincia de Burgos, a doce días del mes de septiembre del año mil ochocientos ochenta y cinco, yo D. José María de Diego, cura propio de la parroquia de Santa María, mandé dar sepultura en el cementerio público de la misma al cadáver de LEONARDO VICARIO, marido de Ezequiela García, natural de éste, de sesenta y cuatro años de edad, labrador, hijo legítimo de José Vicario y Anastasia Barbero, naturales, el primero de Tablada de Rudrón, y la segunda de éste. Murió de una úlcera crónica el día anterior a las seis de la tarde bajo testamento que otorgó ante D. Gulillermo Rico, escribano público de la Villa de Villadiego y cuya claúsula piadosa es como sigue: Quiero se me haga entierro de quinta clase con misa de honra y cabo de año, que por mis obligaciones se me digan veinte misas rezadas, su limosna cinco reales, una. Recibió los Santos Sacramentos de Penitencia, Sagrado Viático y Extremaunción, y se le hizo entierro de quinta clase. Dejó cinco hijos llamados Miguel, Engracia, Paulina, Perfecta y Felipa. Y para que conste autorizo la presente partida fecha ut supra. José María de Diego” (18)
Es digno de resaltar el poco tiempo que su entrañable esposa Ezequiela, pudo tolerar la desaparición de su querido esposo. Porque tan solo 9 meses más tarde, cuando sus hijos estaban en plena recolección (11-8-1.886), esperando la hora adecuada (21 horas), cuando los suyos podían despedirla, les dejó y se fue en la paz del Señor. Su hijo primogénito tenía ya 40 años. Ya Miguel le había procurado incluso, la alegría de 7 nietos. Sus hijos no bajaban de 23 años, que era la edad de la menor, Paulina (1.862). Quien, casada con Juan Peláez Aparicio, también tenía ya a uno de sus 10 retoños, a María (1.880). Y Perfecta se había unido en solemnes nupcias can Anastasio Serna Avendaño, en Villamayor de Treviño, ese mismo año (1.880), el 9 de octubre. Una antropía de hígado parece ser fue la definitiva causante del fallecimiento de este miembro distinguido de nuestros antepasados.
Copio, también, el literal que reza en la partida de defunción de Ezequiela, singular miembro en nuestro ancestral matriarcado:
“En el lugar de Villamayor de Treviño, Diócesis y Provincia de Burgos, a nueve días del mes de agosto del año mil ochocientos ochenta y seis, yo D. José María de Diego, cura propio de la parroquia de Santa María, mandé dar sepultura en el cementerio público de la misma al cadáver de EZEQUIELA GARCÍA, mujer de Leonardo Vicario, natural de éste, de sesenta y cinco años de edad. Murió de una antropía del hígado el día anterior a las nueve de la noche bajo testamento que otorgó ante D. Gulillermo Rico, escribano público de la Villa de Villadiego, y cuya claúsula piadosa es como sigue: Quiero se me haga entierro de quinta clase con misa de honra y cabo de año, que por mis obligaciones se celebren cuarenta misas rezadas, su limosna cinco reales, una, y que se me diga la misa de salida. Recibió los Santos sacramentos de Penitencia, Sagrado Viático y Extremaunción, y se le hizo entierro de quinta clase. Dejó cinco hijos llamados Miguel, Engracia, Paulina, Perfecta y Felipa. Y para que conste autorizo la presente partida fecha ut supra. José María de Diego”. (19)
Después de Miguel nacen 4 hermanas más: Felipa, en 1.848; Perfecta, en 1.856; Engracia, en 1.851, que según los archivos, murió de fiebre gástrica, en 1.909, y Paulina, que viene al mundo en 1.862. (20)
Ya hemos dejado constancia de la laboriosidad, unión, sentido fraternal y familiar que han conseguido acrisolar los tabulenses Juan y José Vicario, así como su acendrada responsabilidad y fidelidad a los compromisos creados en sus nietos e hijos, Segundo y Leonardo. Y del éxito social, económico y laboral hablan por sí sólos la perennidad del contrato de aparcería, las 55,61 fanegas de nuevo patrimonio, que en m2 son 359.218,35; las amplias (14 fanegas y 3 celemines) fincas de viñedo y las dos casas compradas. Y del nivel social, no menos elocuente, en el sentido de las gentes de su entorno, el hecho de tener en su casa criada, y su caballo para los desplazamientos personales. Hallamos bien documentado en 1.752, que ” el caballo es un animal que, en Burgos, constituye signo de distinción social y posición económica elevada, ya que generalmente sólo aparecen poseyéndolo los médicos para sus visitas, algunos curas y nobles y los mayorales de las cuadrillas de los carreteros, ya que son escasos los lugares donde se emplean para la labranza, y siempre de forma muy restringida”. (21)
Muy poco sabemos de las 4 hijas de Leonardo. Es un tema pendiente. como lo son otros en este farragoso pero siempre entrañable buceo, necesario, por otra parte, en todo trabajo serio sobre el lenguaje genealógico: nombre, fechas, lugares, hacienda, etc.. Sabemos, a ciencia cierta que existen directos descendientes de ellas. Alguna vez nos ha llegado información directa sobre el particular. y abrigamos la idea de seguir aclarando éstas y otras tupidas hojas de este frondoso y maravilloso árbol de nuestra familia.
En este caso, y para este año, nos habíamos propuesto ahondar un poco en las raíces que nos sustentaban en Villamayor de Treviño, y aquí está una muestra. Pero… seguiremos.